lunes, 31 de marzo de 2008

De manual

Acabo de ser testigo auditivo de un escarceo histeriqueano entre jefe y secretaria/asistente, a apenas una pared de distancia de mi oído.

Lo patético de la situación no está dado por:

a- El entorno (oficina de alquiler temporario con división de durlock y sin entretecho, por lo cual absolutamente todo lo que se dice en dicha oficina se escucha desde la mía)

b- La ordinariez de los protagonistas (él, señor más que cuarentón... diría cincuentón; medio pelo, diríase que conoció la bonanza en el menemato y debió después apañárselas como pudo. Ella, una trepa jovencita, wannabe, de mucho estilo informal y poco maquiillaje, pero con esa voz de amasa vergas que sólo las féminas percibimos al instante, como una cosquilla molesta en el oído medio).

Sino porque toda la situación es de manual:

1- Ella, claramente confianzuda por esas cuestiones que hacen al roce en un espacio no mayor a 3mx3m, empieza dando el parte de sus penurias de fin de semana y sus puntos de vista sobre la vida.

2- Él, claramente baboso, empieza a hacerse el gato bajando una octava el tono de voz y tira preguntas que debe considerar sutiles, para hacerla seguir hablando.

3- Ella empieza a derivar rápidamente de su propio terreno al del jefe, haciendo preguntas a su vez ("vos en mi lugar, qué harías?"), insinuaciones ("porque cuando una es sanguínea y temperamental..." o "como vos sos un tipo impulsivo"...). Casi casi no cuesta imaginársela con una pierna acaballada en el escritorio de él.

4- "Impulso" va, "impulsiva" viene, se escucha repentinamente el consabido "chuick, chuick, chhhhhuickkkkghsh" que cierra la conversación.

5- Risita idiota de ella

6- Comentario idiota de él como para romper el hielo ("qué tema puedO usar para romper el ambiente? a ver... a ver... ahhhh ya sé! MI MUJER!")

6- La conversación prosigue en voz más baja, hasta que se dan cuenta que están quedando como idiotas porque desde acá escucho todo, cierran el tema que les atenía (el laboral) y ella se va.

7- Tipo suspira


Bah, por ahí son felices siendo así de patéticos. A mí me daría pena de ser esa piba.


martes, 25 de marzo de 2008

Me están queriendo decir algo

- Llaverito de cuero colgante "de marca"
- Remeras de modal
- Perfume
- Cadenita con perla
- Torta decorada con mi nombre en crema y glacé verde pastel

El Capitán Subtexto diría: "Nena, estás sobre los 30, viene siendo hora de que te portes como una señorita".

miércoles, 19 de marzo de 2008

Esperate que me corro (parte I)

Entre las múltiples alergias que he desarrollado a lo largo de mi vida está la alergia a la gente. A veces sencillamente todo el mundo me repele (con excepción de los inefables de siempre: familia, bienamantes amigos, mi media naranja) por más que no hayan hecho nada para causarme aversión. Pero tengo distintas clasificaciones de personas que por su actitud inmodificable me son particularmente odiosas.

La gente que usa para sí misma una varita ridículamente corta y mide a los otros con una demasiado larga, está en ese grupo selecto.

Tuve el karma de crecer con un padre absolutamente autoindulgente, pero severo por demás para con el resto del mundo. Si algo me quedó de todo eso, fue un fuerte sentido de lo que es justo o injusto (Al César lo que es del César) y una tendencia asquerosa a buscar el punto medio (o como me dicen en casa, "a verle primero el lado bueno a las cosas"). Perdonavidismo, en algunos casos.

Por suerte, también tengo propensión a la paciencia corta. Entonces, cuando me bandeo con mi perdonavidismo o mi simpática insistencia a buscarle el yang al ying, viene en mi ayuda la bruja antisocial y arrasa con todo excedente de fastidio provocado por cierta gente.

Tuve ocasión de probarlo cuando me tocó convivir con una señora mayor, agradable por demás y de charla variada, que tenía la mente abierta a los jóvenes y daba unos consejos piolas sobre las relaciones de pareja complicadas. El encanto de su compañía se fue desvaneciendo poco a poco cuando la convivencia reveló falencias fatales que la equiparaban a mi padre en ciertas cuestiones.

En síntesis: Esta mujer esperaba siempre la misma cortés predisposición por mi parte para sus conversaciones y eventualmente repetitivos caprichos. Yo en aquella época era estudiante, tenía novio, amigos y una rica vida social; eso de por sí ocupaba prácticamente el 75% de mi interés. Cometí el fatal error de prestarle demasiado tiempo y atención de entrada, desconociendo (aún a esa edad) que de ciertas concesiones no se vuelve.

Hay gente que te absorbe como una garrapata, y siempre (SIEMPRE) quiere más de vos. Lo que ya le diste lo dan por sentado y van por más. Si alguna vez escuchaste una retahila catártica sobre el yerno indeseable, estás condenada a sufrirla de por vida, so pena de generar la ira o el mecanismo inculpador-acusatorio de la persona en cuestión (que por lo general se escuda detrás de las palabras mágicas "es que yo soy muy frontal y digo lo que pienso, vistes... " para justificar cualquier avasallamiento a las normas de cortesía que rigen las más básicas relaciones humanas).

Y una, que es medio pelotuda pero hasta ahí, un día se harta de escuchar las mismas retahílas. Sobre todo cuando viene cansada, baqueteada de tragarse siempre su propia mierda y se descarga en un pequeño suspiro de inconformidad. Pequeñísimo, pero suficiente para que la persona-garrapata en cuestión reaccione con un rosario de desgracias personales (qué interesantes... dale, contame de vuelta cómo te hace la vida imposible el hijo de puta de tu yerno, qué te hizo el desgraciado del tachero que para todos los santos días frente a tu casa a subir un travesti, cómo el hijo del quiosquero que, dicho sea de paso, ni te registra, se empeña una y otra vez en atravesar la bicicleta por donde pasás vos).

Ah, claro, pero cuando yo quiero hablar de lo mío soy profundamente aburrida, no es cierto? Soy egoísta si pretendo compartir en una reunión algo de lo que me pasa o puedo hacer un aporte que te excluye y te saca del centro de atención. Soy una hija de puta porque la gente, en definitiva, disfruta más de mi modesta compañía que de tu cháchara autocomplaciente.

Gente como ésta, con una autoindulgencia y un ego tales capaz de cegarse a cualquier realidad que no sea la propia, es la gente que evito constantemente. Se exponen a que mi lado más cínico las haga pelota, enrostrándoles toda lo que se pierden por estar encajados ahí, en sus patéticas vidas unidimensionales, en sus compartimentos estancos de veintemilactividadesdiarias para saciar sus complejos de abeja-reina y sus vacíos emocionales espantosos.

Está lleno de ellos, cada vez más lleno. Qué le vamos a hacer. Sociedad individualista paridora de monstruos, freudianos de porquería, bloh.

Salgan al sol, pero en serio. ¿Incambiables, dije al principio? No seré yo quien los cambie, por supuesto. Simplemente, me apartaré de ustedes. Harían bien en hacer lo mismo conmigo, porque prefiero la compañía de unos pocos felices que un enjambre de ojitos atentos y cabezas bobas agitándose de arriba-abajo ante todo lo que digo. ¡Soy inmensamente feliz cuando me ignoran!

viernes, 7 de marzo de 2008

I got confidence

Take this test!
As a result, you may tend to view yourself as a wonderful, lucky, or energized person. However you probably also have days when you feel less comfortable or set back. After all, you're only human. Still, other people likely appreciate you for your passionate personality and may even perceive you as a dynamo of sorts.


Because of your usual high level of self-acceptance and belief in yourself, you're generally open and accepting of others. This graciousness can include a tendency to be warm to those around you. It can also mean that you reserve your judgments of people until you get to know them well. People who come in contact with you likely appreciate this generous nature and may seek out your company. When it comes to dealing with yourself, you're usually equally kind. In most situations, you appear to understand that positivity is a more productive approach to life's challenges.