miércoles, 27 de agosto de 2008

En defensa del Ayuí

Como bien saben los dos o tres gatos locos que leen este blog, acá pongo todo lo que se me canta el tujes. Desde la más abyecta porquería (un test que mide mi libido o qué tan loca está mi familia) hasta cosas más serias. Y hoy es el turno de una cosa seria.

Resumo brevemente la campaña que llevan adelante en este blog. Un (cuándo no) ambicioso proyecto agrícola, azuzado por empresas privadas, planea inundar la cuenca del Ayuí, arroyo correntino que es uno de los más importantes afluentes del río Miriñay.
Este arroyo contribuye en enorme proporción al balance de un ecosistema que ha sido respetado por los productores ganaderos y agrícolas del sudeste correntino. Si lo embalsan, se creará un lago de 8000 hectáreas con agua suficiente para 2800 cultivos de arroz y soja.
El costo ecológico es altísimo. Desaparecerían 50 kilómetros de costa, bosques de ribera, pajonales y pastizales autóctonos. Todo en pos de una iniciativa privada que se llevaría puesta la legislación vigente (provincial y nacional), así como el más elemental sentido común: la productividad económica de una provincia debería ajustarse a su geografía, y no la geografía ser brutalmente modificada por un proyecto que no tiene sostén lógico en el largo plazo, aunque sí graves consecuencias.

Pueden participar desde aquí, es muy sencillo. Y si tienen conocidos que estén interesados en hacer su aporte a esta causa, siquiera con su tiempo o con su atención, no dejen de difundirlo.
Mil gracias desde ya. (Sepan disculpar la mala edición del formulario, pero luego de muchos intentos y de que la vista previa me engañe diciendo que se ve bien, no sé cómo más toquetearlo).


martes, 26 de agosto de 2008

De cómo la felicidad se compone de pequeñas cosas (I)


Abrió un acuario en la manzana de casa.
Conseguí un montón de verdura fresca para darme un atracón vegetariano.
Hoy vamos al cine.
Me saqué un lastre de encima.
Me encanta escribir. Y por suerte estoy haciéndolo más seguido...
Tengo una pila enorme de libros que día a día devoro con paciencia.

Y estoy rodeada de amor.

jueves, 21 de agosto de 2008

Ustedes se preguntarán...

... cómo este blog que nació para evacuar mis impresiones más personales terminó siendo un compilado de puteadas y pataleo.

Yo también me lo pregunto, che.
Y no es que no me pasen cosas lindas que no merezcan ser contadas. Es que tengo ese prurito medio idiota de guardarme lo mejor para mí, o de preservar la intimidad (o la identidad) de las personas que me acompañan cuando pasan esas cosas...

A qué negarlo, todo empezó con dos posts en el Extraño Mundo, éste y éste (que dicen menos de lo que revelan), cuando yo era una blogger muy nuevita y no paraba de asombrarme con los recovecos de la web. Me asustaba la manera en que la gente se exponía en blogs, fotologs y MySpaces. Lo fácil que era, eventualmente, encontrarlos por algún lugar, identificarlos a ellos (y por extensión a su familia, amigos, etcétera) ... todo, manteniendo uno mismo el más perfecto anonimato. ¡Desastres, se podían hacer!

Al asombro y la preocupación siguieron la indignación, la vergüenza ajena, etcétera. Séh, ya sé : desperdiciar una chispa de embronquez en un semidesconocido es un gasto de energía totalmente al cuete, pero... ¿nunca les pasó que a fuerza de frecuentar fotologs o blogs, específicamente aquellos que se usan como "diario", todo se reviste de una cosa artificial cada vez más pegajosa...? A mí me pasaba, y muy seguido.

Por eso empecé con un blog y un fotolog absolutamente impersonales, porque me daba cuenta que a medida que pasaba el tiempo, a los usuarios habituales de estos soportes cada vez les tiraba más la cosa virtual... se engolosinaban con firmantes y nuevas amistades ocasionales, y empezaban a revelar cuestiones más personales, a subir fotos involucrando cada vez más personas de su círculo íntimo... y cuando se les acababa el tema, arrancaban con "el personaje". Así, como en piloto automático. Y desde el personaje, cómo no, se ponían a pontificar sobre sus impresiones vitales.

No sé si queda muy claro, pero más o menos de entre todo este quilombo de ideas, impresiones y sensaciones personales, salió esto. Que tiene mucho de lo que en su momento me indignaba, pero mantiene el anonimato casi perfecto (al menos el visual) del entorno, que es lo que me importa más preservar.

Aún así, sigo sin animarme a considerarlo un diario íntimo público. Despotrico, hago catarsis, describo situaciones, pero siempre de manera elíptica e impersonal. Y me sigo guardando los mejores momentos, esos que son tan lindos que se hace prácticamente imposible ponerlos en palabras. Además... ¿Palabras para quién? ¿Para mí? Si siempre estoy criticando mis propias palabras. ¿Para los otros? Si no necesito que me juzguen o me aprueben o me conozcan, más allá de mis acciones en el Mundo Real.

En fin, hoy me levanté con culpa por haber roto un voto. Mañana se me pasa. Seguro.


jueves, 7 de agosto de 2008

¡Anorémicos de mierda!

Voy caminando por la calle (hace un tiempo ya), regodeándome en mi crapulencia, cuando veo un aviso de Matarazzo con una chica comiendo fideos tipo tallarín con cara de idiota. Lamento no haber encontrado ese aviso del infierno, pero creo que muchos de ustedes lo recordarán.

¡Sí! Ese que decía "Quién dijo que comer vegetales es aburrido?"


...


Primero, hijo de Set: comer NO es aburrido. Los vegetales no son aburridos. ¿Qué pensarías si te dijera "Quién dijo que pasear a tu perro" o "Quién dijo que jugar al yo-yo con tu páncreas es aburrido?". Una imbecilidad de proporciones, fijate. El enunciado no tiene sentido de por sí.

Boludeces como esto de que la comida es "divertida" o "aburrida", son hijas de madres y padres que en vez de plantarse frente al borreguito de turno y decirle "si no comés esto no comés en absoluto, sabelo", van chillando disculpas a la heladera y le encajan un Danonino, un Serenito, chocobolas o papas fritas supercongeladas.

Todo porque muy posiblemente ellos mismos son hijos del delivery y nadie les enseñó que no es que "no hay tiempo" para cocinar, sino que el tiempo que pierden viendo a Tinelli o despatarrándose frente al sillón porque están muertos de cansancio porque "la oficina estuvo terrible" (andá a hombrear bolsas al puerto y decime después si estás cansado, ¡gil!) o porque vienen de dos horas de pilates, bien podrían invertirlo cada tanto en enseñarles a sus hijos a comer bien. A hacerlos participar del proceso de la comida. Sentarlos a una altura y distancia prudenciales, irles explicando el origen de lo que comen, dándoles pequeñas tareas. Amigándolos con ese acto tan simple que es la buena alimentación, y que debería ocupar en sus vidas otro lugar que no sea el de un mero trámite de supervivencia, pagadero en cómodas cuotas con el colesterol y el bobazo de mañana.

¿En qué momento nos convertimos en una sociedad que desprecia a la comida casera hasta el punto de justificar barbaridades como ésta? Una publicidad de alimentos enlatados... ¡que defiende a la comida casera! O la otra, donde pretenden hacerte creer que teniendo 200 gramos de espinaca (comprada a precio de oro) en el freezer vas a alimentar bien a toda tu familia y sos el capanga de la cocina hogareña.... Boludo... es para morirse de risa!!!! (Si no fuera porque me está dando un ataque al hígado en este preciso momento).


¿En qué momento se volvió el mundo tan pelotudo, que una barrita o postrecitos Ser reemplazan a una fruta o un tazón de leche? ¿En qué momento dejó de ser más sana el agua que una bebida alta en glucosa? ¿Cómo puede ser que nadie se indigne cuando McDonald's habla de una "pirámide nutricional equilibrada" en los menúes que ofrece?

Y peor aún... ¿Cómo pueden quejarse sistemáticamente de los precios abusivos de productos de (no digo segunda) DÉCIMA necesidad, y no pensar siquiera en empezar a usar esa excusa para variar la dieta horrenda y apática que llevan?


Todo esto, por no hablar de la especie que más repugnancia me produce: los anorémicos. Esa gente que ya cayó en la peor de las trampas: la apatía o el desprecio por la comida. Como si fuera la comida la responsable de todos tus desbalances químicos y sicológicos, ¡madre de Zeus! Como si comer fuera una obligación o una tortura, y no el motor que te mantiene en marcha. Despreciando lo que podés tener, hacés daño a tu vida y aún más daño restregándolo en la cara de quienes realmente no pueden pagarse... no digamos el restaurante naturista o el delivery de sushi, sino una simple bolsa de pan. Hidratos de carbono que te son tan despreciables como necesarios. Discutiendo por si "él" te llevó a la Trattoria di Carlo y no a Tocororo, como si fueras a hacer algo más que pedir una mínima Capresse en lugar del plato gigante de pastas que te morirías por comer.

Por favor, dejen de meterse con la comida. Me enferman.
Moriré redonda, pero feliz, habiendo inspirado a otros a comer como se debe.