domingo, 12 de abril de 2009

Perlitas de indignación (5)

Llegamos a la casa de mis viejos los cuatro en la Picusita al mejor estilo "La familia Ingalls", a eso de las 12 y pico de la noche. Anoche estaba fresco y agradable y acabábamos de comer un asado con hermano y cuñada, nos reímos mucho, cruzamos anécdotas, nos picaron algunos mosquitos o quizá jejenes, vayasaber.

Pero cuando nos bajamos para abrir el garage nos mató el olor. Un vaho espeso a algo que creo haber olido dos veces en toda mi vida: algo sulfuroso, algo amargo, algo podrido*. Te hacía llorar los ojos y estaba por todos lados: en la calle, en la vereda, en el garage y en nuestro patio.

"Mierda que está fuerte el olor a papelera" dijo mi viejo.

No es la primera vez, y parece que tampoco va a ser la última. Hace algunos años prometían, con el mismo descaro y la misma seguridad, que no habría mal olor "permanente".




*Me van a perdonar, pero he cocinado coliflor y este olor es insoportablemente más fuerte