viernes, 1 de mayo de 2009

De cómo los pequeños detalles revelan que el mundo se va al caño (1)

- Desde hace algunos días a esta parte tenemos la televisión invadida de recomendaciones médicas. El dengue y la gripe porcina, nos están recordando cuán vulnerables somos. En nuestras repúblicas bananeras, House sería alcohólico y con tendencias maníaco depresivas, además de vivir muerto de frustración. ¿¿¿Desde cuándo hay que re-aprender la costumbre básica de lavarse las manos??? A ver si se avispan, gente. Vivimos en ciudades inmensas donde hasta el aire que respiramos está cuajado de gérmenes. No hace falta crecer (como me pasó) en una ciudad que no tuvo cloacas hasta fines de los setentas, para que los hábitos de higiene se hagan costumbre.

- Que los padres tengan tiempo de enseñarles a sus hijos estas y otras costumbres debería ser obligatorio. Y que dejen de hablarles como si fueran oligofrénicos. Que dejen de hacerles sentir a los chicos tristes de las ciudades que fueron una necesidad social, egoísta, una especie de confirmación de status quo. Extraño los tiempos en que reproducirse era un imperativo de la especie, simplemente, y en que los padres aprendían a la par de los hijos. Los padres distraídos de hace una o dos generaciones incubaron el huevo de la serpiente de los garcas a ultranza, los que se autojustifican en su infancia de mierda, los trolls de Internet, a los desacatados que hablan en el cine.

- Que mi sobrina esté en tercer grado y el mayor estímulo a la lectura sea un cuento de dos carillas con dibujitos para marcar la respiración de un texto (puntos, comas), y que todavía no le hayan enseñado a usar el diccionario, me hace dudar entre denunciar la escuela o prenderla fuego.

- Sin dudas, que la cortesía y los buenos modales sean una rareza es una de las cosas que más me asombran del día a día.